21 de septiembre de 2015

Bienvenida al otoño

(Foto: Eco Salon)


Llevo ya dos meses escuchando a la gente de mí alrededor suplicando que llegue ya el frío.
Yo no soy partidaria del frío, pero me encanta ponerme debajo de una mantita.

Sí, claro, tengo una taza de cacao en la mano cuando me lo imagino… y estoy viendo una serie buenísima en la tele o leyendo un libro apasionante.
En realidad no tengo nada de frío, estoy muy a gusto, sin ninguna preocupación en mi cabeza. Un rato vacacional. Desconectada del mundo exterior, protegida debajo de mi manta de lana.

Podría decir que me gustan todas, que me da igual la textura o el color, pero como podeis ver en las fotos, no es el caso. Así que si la variedad por algún motivo os parece limitada, lo siento. A mí me parece todo un mundo… lleno de mantas suaves y mullidas.


Mantas hechas a mano, 100% lana de Nueva Zelanda.
A la venta en Milo and Mitzy.
Manta punto de arroz. A la venta en H&M.
Manta punto de arroz, merino 100%, con cojín a juego. 
A la derecha, de arriba abajo: Malla trenzada, merino y cachemir;
Cuadros derecho revés, lana de angora y cachemir; Jacquard de
espiga, Lana 100%; Mohair y lana; Malla trenzada, angora. 


Dejemos atrás días de sobresaturación de colores y que entren en nuestras casas los tonos algo más monocromáticos, optando por textura en vez de colores llamativos.


Hechos con fibras naturales de oveja de los Andes, llama, alpaca
y vicuña. Hiladas y tejidas a mano con el telar tradicional.
A la izquierda: Foto de Mikkel Mortensen
 En el medio: Mantas peruanas de lana de alpaca.
Los Incas ancianos llamaron a la lana de alpaca “la lana de los
dioses”. Las alpacas evolucionaron para resistir el frio extremo
haciendo que su lana fuera ideal para tejer mantas. La lana de
alpaca es extremadamente suave, cálida, resistente al agua y
fácil de limpiar.



Ahora toca encerrarse y disfrutar de ello, acurrucarse y dejarse mecer por el tacto de una buena manta.


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